La leyenda del mate

Los guaraníes consideraban a la yerba mate como un regalo de los dioses. Maravillados con su sabor y sobre todo con sus propiedades, le atribuían un carácter divino, mágico. Es por esto que se puede conocer muchas leyendas sobre el origen del mate.

Con el paso del tiempo, de generación en generación, se han ido transmitiendo estas historias y se fueron modificando y creando varias versiones. La leyenda guaraní sobre el mate es la más popular, cuenta que el dios Tupú fue quien plantó la yerba mate en la selva y les enseñó cómo secar las hojas y preparar la infusión.

Versiones…

Leyenda GUARANÍ  –  El MATE y la LUNA  –  Leyenda de AMOR y MATE

Leyenda GUARANÍ sobre el origen del mate

Este relato tiene como protagonista a Yarí-i, una joven guaraní que se separó de su tribu para quedarse a acompañar a su padre, un anciano débil que ya no podía continuar con la vida nómade. Juntos prepararon un lugar en la selva donde poder quedarse. Ella era quien se encargaba de recoger frutos, pescar y cazar animales, como de cuidar a su padre. El anciano cada día le rezaba al dios Tupú para que bendiga a su hija, la cuide y la recompense.

En una ocasión, a la choza llegó un peregrino. Yarí-i y su padre vivían cada día con el alimento justo pero no dudaron en recibirlo y compartirlo con él. Su casita era muy humilde pero con mucha amabilidad le invitaron a quedarse.

Al otro día, el peregrino decidió contarles su verdad: era el dios Tupú. Quería conocer a Yarí-i por todas las plegarias de su padre.

Tupú le obsequió a Yarí-i y a su padre una planta con virtudes, con la que se podía preparar una bebida con la que obtendrían energía y se refrescarían después de cada día cansador. Además, asigno a Yarí-i como la protectora de esta planta, en la actualidad se la sigue considerando a Caa-Yarí como la diosa guardiana de la yerba mate.

Según la versión de la leyenda también se relata que la misma Yarí-i fue inmortalizada al convertirse en la planta de yerba mate.

Leyenda paraguaya sobre el mate y la luna

En Paraguay se conoce la leyenda sobre el mate y la luna Yací. Esta cuenta que la luna era muy curiosa y estaba cansada de poder observar el mundo solo desde el cielo, no alcanzaba a ver más que las copas de algunos árboles y el agua de los ríos. Es por esto que un día le pidió a Araí, una nube, que la acompañe a bajar a la tierra.

Ambas tomaron la forma de muchachas jóvenes y se adentraron a la selva para poder conocer todas sus maravillas. Asombradas por las plantas y animales no se dieron cuenta que un yaguareté estaba a punto de atacarlas. En el momento en el que iba a saltar sobre ellas fue atravesado por una flecha lanzada por un cazador guaraní.

Asustadas, Yací y Araí, rápidamente desaparecieron del lugar. El cazador quiso buscarlas para saber cómo estaban pero no las encontró.

Para agradecerles por haberlas salvado, Yací se le apareció en sueños al cazador. Mientras él dormía pudo visualizar nuevamente la situación, esta vez las dos jóvenes lo esperaban y le revelaban su verdadera identidad.

Por ser tan valiente y ayudarlas, Yací le obsequio un nueva planta llamada “caá”, que significa: yerba.

Al despertar, el hombre pudo ver por la ventana que esta planta se encontraba frente a su casa. En el sueño, la muchacha le había enseñado como preparar una infusión y esto fue lo que hizo. Cortó las hojas, las tostó y molió y preparó la deliciosa infusión que colocó en el interior de una pequeña calabaza hueca llamada “mati” y a la que añadió una fina caña. No quiso disfrutar de esta infusión divina solo, así que les convidó a todos los de su tribu.

Leyenda romántica sobre el origen del mate

La leyenda del mate también tiene una versión romántica muy trágica. Esta cuenta la historia de Ka’a, una mujer muy hermosa con una cabellera negra larga, que vivía en las orillas del rio Apa.

Ella se enamoró perdidamente de un hombre que en una ocasión llegó junto a sus compañeros a la zona del río. Aunque él no puso atención en ella, por la noche se le apareció en los sueños.

Al día siguiente, Ka’a tuvo más noticias sobre este hombre. Se enteró que se trataba de un sacerdote de la tribu mbya, del templo Mbaeveraguasu. Cerca del río estaba buscando piedras y metales para llevar de ofrenda.

Toda esta información fue mucho para ella. Entendió que su amor nunca sería posible. Los de la tribu mbya no se casan con mujeres de otras tribu, y mucho menos si oficiaba como sacerdote. A pesar de todo esto siguió intentando conquistarlo, sabía que ese sueño algo significaba.

Cuando el hombre se fue del lugar, ella lo siguió para buscarlo. Una noche lo encontró al lado de un arroyo.

Él ni siquiera la miró, pero Ka’a decidió ir por más y se acercó a su lado mientras bailaba. A su danza él no pudo resistirse, y aunque sabía que no podía corresponderle, la tentación era mayor. Ka’a fue todavía un paso más allá, sabiendo que lo atraía, quiso abrazarlo. Para no ceder a la tentación, el sacerdote quiso alejarla y tomo su hacha y le cortó la cabeza. La joven cayó muerta inmediatamente.

Tiempo después, un sacerdote pasaba por la aldea en donde había vivido Ka’a y encontró un pequeño arbusto desconocido. No pudo resistirse a su aroma, lo tomó y masticó una de sus hojas. En su mente comenzó a recordar un amor que había sentido hace años atrás y que él mismo había matado.

Se dio cuenta que esa planta era la reencarnación de la joven que tanto le había gustado y que en ese momento estaba pudiendo disfrutar de ella, lo que había sido su deseo antes de partir para reunirse otra vez. Esa planta era la Yerba Mate.

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